Contrafrente de la casa: volumen blanco sobre losa de hormigón visto, aberturas corredizas al jardín y pileta junto al muro de ladrillo
Obra · Zona norte, Buenos Aires

Casa Las Lomas

Las Lomas, San Isidro

Una casa de dos plantas en Las Lomas, San Isidro. El volumen blanco de arriba apoya sobre una losa de hormigón visto que deja la planta baja abierta al jardín, con carpinterías corredizas de piso a techo que integran el estar y el comedor con la galería.

Del lado del parque, la pileta corre paralela al muro de ladrillo y el sector de parrilla queda bajo cubierta. Adentro, la escalera de madera con baranda de vidrio ordena la circulación y deja pasar la luz entre las dos plantas.

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La casa

Una planta baja que se abre entera al parque

El living, el comedor y la cocina ocupan una única planta baja vidriada de lado a lado, con la galería, la pileta y el parque como continuación directa del piso interior.

La casa se organiza en dos plantas de carácter opuesto, y esa es la decisión de proyecto que ordena todo lo demás. Abajo, un espacio continuo y transparente: los ventanales corren a lo largo de toda la fachada al parque, sin muros intermedios que corten la vista ni el paso. Arriba, un volumen cerrado y compacto que apoya sobre esa transparencia y contiene los dormitorios.

Esa lectura —un volumen macizo sobre una planta abierta— sólo funciona si la estructura desaparece. Por eso la planta baja se resolvió con losas de hormigón armado de gran luz, apoyadas en pocos puntos, para poder correr los ventanales sin columnas en el medio.

Cómo se hizo

Losas de hormigón armado, hechas en obra

Toda la estructura es de hormigón armado colado in situ. Se encofró con fenólico y madera, se armó la parrilla de hierros sobre el encofrado y se hormigonó con bomba, en un solo llenado por losa para que la pieza trabaje entera y no queden juntas frías a la vista.

Es la parte de la obra que nadie ve cuando la casa está terminada y es la que define el resto: la luz que se puede cubrir sin columnas, el espesor del canto que se ve desde la galería, y el hecho de que la planta alta pueda apoyar donde apoya. Los puntales se mantuvieron hasta que el hormigón alcanzó resistencia, y recién ahí se siguió con la mampostería.

El material

Hormigón visto: lo que sale del encofrado ya es la terminación

Hormigón visto es de las terminaciones que menos perdonan: lo que se hace mal en el encofrado queda a la vista para siempre y no se corrige después.

Los paños de hormigón quedaron tal como salieron del encofrado, sin revoque ni pintura encima. Se ven las juntas de los tableros de fenólico y las marcas de los separadores, y ese despiece es el único ornamento que tienen.

Por eso cada paño se planificó desde el armado, decidiendo antes dónde iba a caer cada junta. La contrapartida de esa exigencia es que después no hay mantenimiento: no hay una capa de pintura que se descascare ni un revoque que se manche, y el muro envejece parejo.

El frente

Desde la calle, la casa casi no se muestra

Sobre la vereda la casa se resuelve con un muro y un portón corredizo negro que ocupa todo el ancho del acceso. No hay ventanas bajas ni jardín de frente: lo único que asoma es el volumen blanco de la planta alta, por encima del muro.

Es una decisión de privacidad antes que de estética. Toda la vida de la casa pasa del lado del parque, así que el frente no tiene que mostrar nada; tiene que cerrar bien y dejar entrar el auto.

Adentro

La escalera, en el medio de todo

La escalera está en el centro de la planta baja y se resolvió con peldaños de madera y baranda de vidrio de piso a techo, sin montante ni pasamanos metálico. La razón es la misma que ordena el resto de la casa: cualquier elemento macizo en ese punto habría cortado la vista de lado a lado, y la planta baja depende de que esa vista no se corte.

La cocina trabaja como parte del living: isla con mesada corrida, muebles sin tiradores a la vista y una ventana pasaplatos con marco negro que la conecta con la galería sin obligar a dar la vuelta.

Afuera

La parrilla, contra el muro de ladrillo

La parrilla se construyó de hormigón, en el mismo lenguaje que el resto de la casa, apoyada contra el muro de ladrillo del fondo y bajo la losa de la galería. Quedó integrada al volumen en lugar de ser un objeto agregado al parque: no es un quincho aparte, es una continuación de la casa hacia el jardín.

La pileta corre paralela a la fachada, y entre las dos queda una franja de césped que hace de galería descubierta. Ése es el uso real de la casa la mayor parte del año.

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